La dulzura familiar en una industria sostenible con potencial exportador
Cacimira Rosario es la fuerza detrás de Dulcería Rondón, una microempresa familiar que ha transformado la tradición de la confitería en un verdadero “mundo azucarado”. Desde sus inicios, trabajó junto a su esposo en una fábrica de dulces, donde nació su pasión por el arte de hacer caramelos. Con un préstamo en mano y mucha fe, decidieron dar el salto y emprender su propio camino, comenzando a crear dulces como canquiñas, piloncitos y paletas, las cuales hasta un personaje ficticio como Willy Wonka envidiaría.
Esto no es solo una dulce historia, es reflejo de unidad familiar y perseverancia. Con 16 años en el mercado, la empresa cuenta con 12 colaboradores directos, cinco forman parte del núcleo familiar. Calidad, puntualidad, originalidad y unión familiar han sido la clave del éxito de Dulcería Rondón. Cada miembro aporta sus habilidades, lo que ha permitido que la empresa prospere.
Iniciaron en Santo Domingo, donde captaron a sus principales compradores. Sin embargo, tras la pandemia, tomaron la valiente decisión de trasladar la fábrica a Cotuí, la tierra natal de su esposo, Rondón. Este cambio no solo equilibró la economía de la empresa, sino que también abrió oportunidades de trabajo para familiares y para la comunidad, fortaleciendo la economía local y fomentando el desarrollo del entorno.
En principio fabricaban solo caramelos en forma de pilón, pero su dedicación y creatividad los llevaron a diversificarse. Hoy, ofrecen una amplia gama de productos que incluyen desde la popular paleta del chavo hasta dulces personalizados. Su confitería se distribuye en paradas de autobuses de Santo Domingo, Bonao, La Romana, etc. Surten a organizadores de eventos para decorar. Han exportado y han sido reconocidos localmente con premios de calidad. Sus productos han sido reseñados en revistas y periódicos locales y nacionales.
Con un enfoque en la innovación, Cacimira ha adaptado su negocio a nuevas tecnologías, implementando venta de dulces a través de aplicaciones móviles como Whatsapp, y promoviendo su marca en redes sociales. Esta estrategia ha ampliado sus canales.
De cara al futuro hay grandes planes: retomar la exportación, comprar el terreno donde está la fábrica, ampliarla y mejorar la estructura.
La historia de Cacimira es un testimonio de trabajo y compromiso familiar que trasciende en su comunidad y el país. Vislumbramos para ella y su familia un dulce futuro con calidad de exportación y alta escalabilidad en su industrialización.