
Félix Bernabé: Reciclar cerca de 30 toneladas anuales de desechos es un buen negocio.
A sus 62 años, Félix Bernabé no solo ha sobrevivido a los vaivenes de la economía dominicana: los ha reciclado. Desde hace 12 años, dirige una microempresa dedicada a la compra y venta de metales como hierro, aluminio, plástico y acero, transformando en sustento, dignidad y sostenibilidad, lo que otros desechan.
“Yo no empecé con mucho, pero sí con disposición”, cuenta don Félix. Recuerda que su historia comenzó con una decisión valiente: adquirir una pequeña metalera de un compadre que se retiraba. “Quería ser dueño de mi tiempo y hacer algo útil”. Trabajaba en un hospital por Puerto Plata, al adquirir la microempresa se retorna a su natal San Francisco de Macorís, para establecer allí el negocio.
Una estrategia valiosa que implementó para facilitar el reciclaje de metales y plásticos, fue establecer un punto de recolección en un lugar estratégico de la comunidad, accesible y conveniente para los residentes, donde muchos van a llevarle los residuos. Luego compró una camioneta que va por los diferentes barrios recogiéndolos y hace menos de un año, ya abrió su segundo local como punto de recolección. Para echar a andar el negocio, recurrió al microcrédito, una herramienta que, según él, “le dio el empujón que necesitaba para ampliar con confianza”.
Después de recibir los metales y los plásticos en sus dos centros de acopio, Bernabé los lleva a las metaleras grandes o a los mayoristas, quienes se encargan del destino final para reciclaje.
Don Félix genera ventas anuales superiores a los 48,000 dólares, pero su impacto va más allá de lo económico. En un país donde se producen más de 14,000 toneladas de residuos sólidos al día y apenas el 15% se recicla, según datos publicados por Acento.com, su labor representa una excepción luminosa. Su empresa recoge entre 20 y 30 toneladas de metales al año, evitando que estos materiales contaminen el suelo, aire, agua y afecten el ornato urbano.
“El microcrédito no solo me ayudó a crecer, también me enseñó a organizarme, valorar el medioambiente, llevar cuentas y pensar en el futuro”, afirma. Hoy, su negocio es parte de una economía circular que reduce el uso de energía, disminuye emisiones y prolonga la vida útil de los materiales.
Más que un comerciante, Félix Bernabé es un educador ambiental. Su microempresa no solo genera ingresos: genera conciencia, empleo y esperanza.