
Agripina Rosario: “El corazón de la auyama solo lo conoce el cuchillo…y Agripina.”
Agripina Rosario, es una mujer que ha encontrado en la agricultura no solo un medio de vida, sino una verdadera vocación. Desde que tiene uso de razón siente amor por el campo, pero fue después de tener a sus cinco hijos cuando decidió dar un paso firme hacia la producción agrícola. Con el apoyo del microcrédito, hace más de diez años logró acceder a unas quince tareas de tierra (0.94 hectáreas) en la comunidad La Reforma, Castillo, para cultivar arroz, iniciando así un camino de esfuerzo, aprendizaje y superación.
El inicio no fue fácil. Primero trabajó como jornalera, cortando arroz con cuchilla para otros, hasta que aprendió las técnicas del proceso de siembra y decidió cultivar por cuenta propia. Enfrentó incluso fuertes pruebas, como cuando una inundación arrasó con toda su cosecha de arroz. Lejos de rendirse, Agripina convirtió esa adversidad en una oportunidad: optó por sembrar auyama, un cultivo de ciclo más corto que se puede cosechar varias veces al año y tiene un buen rendimiento por hectárea, lo que le permitió recuperarse y seguir sosteniendo a su familia. Además de que la auyama es un producto básico en la dieta dominicana, lo que asegura una demanda constante en el mercado interno.
Hoy, Agripina maneja su parcela con esfuerzo propio, contratando ayuda en épocas de corte y recibiendo, cuando es posible, el apoyo de sus hijos, a quienes insiste en que deben priorizar los estudios. Esta disciplina refleja su compromiso con el futuro de su familia y con el desarrollo de su comunidad.
En el año 2023, según el Ministerio de agricultura, hubo una producción de 1,435,672 quintales de auyamas, aportando a la seguridad alimentaria del país e incrementando la exportación. Orgullosamente Agripina fue parte de esta estadística.
Agripina ha mostrado disciplina financiera y estabilidad en la gestión de su negocio, lo que le ha permitido pensar más allá del presente: planea adquirir más terreno para diversificar cultivos y así ampliar su aporte al desarrollo agropecuario local. Ya inició recientemente la crianza de gallinas.
A sus 53 años, sigue mirando hacia adelante con determinación y sueños claros. Entre ellos, el de terminar su casa y dejar a sus hijos un ejemplo de vida basado en el trabajo honrado, la perseverancia y la fe en que el campo sigue siendo una oportunidad para muchos.