
Felicia Feliz Álvarez: En Rabo de Chivo, Nagua, se crían cerdos.
Desde la comunidad rural de Los Limones, en Rabo de Chivo, Nagua, emerge una historia que personifica el espíritu resiliente y emprendedor de la microempresa agropecuaria. Felicia Feliz Álvarez, una mujer decidida, visionaria y feliz con su negocio, como su nombre y su apellido la predestinan, ha logrado el desarrollo familiar y esperanza para su comunidad a través de la crianza de cerdos.
Con apenas dos marranas y un barraco, Felicia inició a su negocio. Lo hizo con lo que tenía a mano: cemento, blocks, tinacos para el agua y comederos. Pero lo que realmente cimentó su emprendimiento fue su determinación. Aprendió por sí misma a manejar la reproducción por ciclos, asegurando una producción constante. “Cada marrana pare tres veces y cada parto da entre tres a seis cerdos aproximadamente. Después de ahí, la marrana se vende”, explica con orgullo.
Esta estrategia le ha permitido diversificar sus ingresos, vendiendo tanto a carnicerías como a otros criadores. En el año 2023, Felicia enfrentó una dura prueba: la pérdida de la gran mayoría de sus animales. Lejos de rendirse, buscó ayuda técnica en el Ministerio de Agricultura, recibió orientación y aplicó con disciplina las recomendaciones. Desde entonces, no ha vuelto a sufrir pérdidas similares. Esta experiencia, fortaleció su conocimiento del negocio, su compromiso con el bienestar animal y la mejora continua.
Felicia no trabaja sola. Ha convertido su microempresa en un proyecto familiar. Sus hijos y nietos participan activamente en el cuidado de los animales, aprendiendo valores de responsabilidad, trabajo en equipo y amor por la tierra. Dos de sus hijos tienen interés en continuar el legado, mientras sus nietos colaboran con entusiasmo en las tareas diarias.
Gracias a los ingresos generados, Felicia apoyó la educación de sus hijos, una de ellas es hoy enfermera. Su negocio no solo le da realización económica, sino también salud física y emocional, al mantenerse activa cada día.
Tras cuatro años de operación, Felicia desea ampliar su pocilga, mejorar sus instalaciones y tecnificarse. Su visión es clara: continuar generando oportunidades desde el campo, con trabajo honesto y sostenible.
La historia de Felicia Feliz Álvarez no es solo la de una mujer criando cerdos. Es la historia de una líder rural que transforma obstáculos en oportunidades, que inspira a su familia y que demuestra que el progreso nace en las manos trabajadoras de mujeres valientes.